top of page

Desaparecer.

Cuando las circunstancias de la vida te hacen sentir invisible.

Bosteza, baja la mirada, su tono de voz es grave y lúgubre, come sin apetito, sonríe con pesar. Camina entorno a vidrios rotos. "¿Todo bien amor?, te veo decaído". Él: "Estoy preocupado por ti…"

 

Fuck. Trago saliva y ahora yo bajo la mirada. Anoche nos desvelamos hablando de mi recurrente crisis existencial en esta etapa de la vida.

 

Somos inmigrantes en Italia. Y nadie ni nada te prepara para una vida que se ve mucho menos como Emily in Paris y más como italo-judíos llegando a Nueva York con una maleta.(Toda proporción guardada, obviamente sé que no estoy en condición de refugiada ni desplazada; pero esa sensación de incertidumbre y devaluación personal no es difícil de encarnar en nuestro escenario).

 

La razón por la que mi esposo no está durmiendo ni comiendo bien es porque estamos en una de esas encrucijadas de la vida que causa una presión en el pecho que corta el flujo del aire. Nuestro deseo de permanecer en Europa depende de muchísimos factores que están fuera de nuestro control. Un proceso de naturalización en Portugal que se mueve a velocidad glacial, otro laboral en España que se topó con un retroceso de al menos 7 meses, dos permisos italianos que vencen en 3 meses, un contrato de vivienda que vence en 2 y la posibilidad más latente de quedarnos que está puesta en mis manos: Aceptar un contrato de tiempo completo y largo plazo en un trabajo en el que llevo meses quejándome.

 

No porque sea un terrible trabajo, sino por una acumulación de factores que han sido desmoralizantes y se acentúan en este trabajo. Jornadas largas de pie que causaron una lesión crónica, una objetiva sobre calificación para el trabajo en sí mismo e incontables correos de rechazo de otros tantos trabajos en los cuales mis estándares han ido en línea recta hacia abajo. Empezando por empleos aspiracionales, que me retaran, me inspiraran, pasando a otros que son familiares y no me satisfacen, pero sé que hago bien, hasta llegar a opciones que sean simplemente sentada o durante la luz del día… sin éxito en ninguno.

 

Trabajo en un restaurante de comida mexicana que abre solo de noche. Cuando mi familia descansa yo me voy a trabajar y cuando debería descansar, el mundo trabaja; por lo que siento la presión de ocuparme de cosas del hogar en ese horario. Cuando los míos celebran, se reúnen, salen a explorar… yo estoy limpiando mesas y esperando a que me impriman un recibo porque ni siquiera estoy autorizada para cobrar a los clientes. Contengo la respiración mientras espero a que me paguen impredeciblemente tarde, teniendo al rentero siempre de nervios y la bolsa de croquetas juzgándome con los últimos dos platos que toca servirles hoy a los perros. Sólo para tragar aire cuando por fin llega la notificación, pasarle la mitad del depósito al rentero y sobrevivir otros 36-ish días con lo que queda.

 

Tengo 10 años en el mundo laboral, con habilidades transferibles a cientos de áreas. Tengo decenas de miles de palabras escritas a mi nombre, tengo títulos y posgrados y recursos que mis antepasados no habrían ni siquiera imaginado. He dirigido proyectos que implican cientos de personas con la precisión de una estación de trenes suiza. Soy perfectamente funcional en 4 idiomas, llegando al 5to; para que su máximo uso sea decir "¿puedo tomar su orden?" a una mesa de estudiantes internacionales.

 

Soy partidaria de que tenemos que asumir las consecuencias de nuestras decisiones en esta vida, la carrera que elegí, los trabajos que tomé. Solo que no sabía que iba a tener que seguir pagándolas para siempre. Yo solía decir que no me importaba ser Barista, mientras fuera en Europa. Parece que mentí o que la línea se trazaba al trabajar el turno nocturno.

 

"¿Recuerdas la escena de Volver al Futuro en la que los personajes van desapareciendo de la fotografía?" le pregunto a Daniel…" así me siento. Como si desapareciera poco a poco de mi vida. Empezando por todo lo que he hecho que no significa absolutamente nada para ninguno de los cientos de empleadores a quienes les he escrito. Acentuado por los cumpleaños, las reuniones y picnics en los que no estoy. Vivir en Roma para nunca verla o verla dormida. Y ahora… aceptando más horas solo para desaparecer aún más."

"La única cosa que nunca había sido en mi vida es alguien con baja autoestima. Siempre he sido una niña (me enternece mucho que mi alma necesitara decir la palabra niña y no mujer o persona) muy segura, extrovertida y sociable… y siento que eso siempre nacía de una autoestima sólida, saludable, bien anclada. Este periodo me ha hecho sentir, pequeña, cuestionar mi valor, insegura, reclusa…porque mi autoestima está bastante herida."

 

Daniel, con una ferocidad que solo veo en él cuando se trata de protegerme aferra mi brazo a su pecho para decir "Entonces no lo aceptes, amor… si te hace sentir así ¿cuál es el punto? Podemos pensar en otra forma". Yo sé que él ha aceptado muchos sacrificios que no lo hacen feliz por nosotros. Él y millones de personas más. Inmigrantes que pusieron en pausa todos sus deseos para vivir la promesa de un legado para los suyos.

 

Pero cuando lo veo hoy, debilitado por mi insatisfacción no puedo ocultarlo más. Cuando veo lo que más amo incapaz de articular que teme por mi vida si el costo de vivirla es ser infeliz no puedo seguir fingiendo.

 

No se trata del trabajo.

 

Nunca se ha tratado del trabajo. Ni cuando me ha gustado ni cuando es evidente que no.

 

La tristeza, que él interpreta como miedo, nace de mi incapacidad de comprender por qué no puedo hacer lo que quiero, si sé lo que es. Crear ha sido mi motor de vida desde antes de tener el valor de nombrarlo. Yo lo sé, él lo sabe. Pero hago planes y planes para materializarlo y, sin importar mi condición laboral, si tengo tiempo, si no lo tengo, si tengo recursos o no, si tengo el espacio o no… siempre hay algo que me frena a perseguirlo y nunca ha estado fuera de mí. Lo que ve no es mi angustia por falta de opciones, sino mi agonizante parálisis para elegirlas o destruirlas y crearlas de cero. Yo soy la barrera más grande que tengo para vivir mis sueños. Yo soy el jefe final, el último obstáculo.

 

Me la he pasado una década pensando que habrá un trabajo o un empleador que sea solo lo suficientemente placentero, estimulante o retador para silenciar mi verdadero fuego interno. Que estoy a un puesto de encontrar un "llamado" que me haga evitar mi llamado.

 

Camino con la cabeza baja estos días porque la vergüenza de preferir servir comida, salir a la 1 de la mañana cojeando y tomar el autobús con audífonos apagados y ubicación encendida antes que elegir mi propia libertad y atreverme a vivir es intolerable. No tengo la garantía de que vivir mis deseos sería rentable, pero es irrelevante porque ni siquiera lo he intentado. Pero causarle angustia a él es el límite. Mi martirio es su calvario y puedo autoinfligirme todo el dolor del mundo, pero nunca a costa de herirlo a él. Tristemente, amarme primero no ha sido tan efectivo como amarme por amor a él. Verme en la forma en la que sus ojos me ven. Entonces, aprieto su mano y me confieso; y él puede volver a respirar.

 

Nos vemos sin saber qué sigue después de esta conversación. Porque yo sigo viviendo en mi cabeza y sigo frenando todas mis ideas, sigo con ataques de pánico frente a la computadora, sigo siendo yo. Pero al menos sabemos que no estoy mintiendo. Y que el restaurante no es el problema. Es simplemente el espejo que hace inevitable que reconozca mi verdadera causa de infelicidad.

 

Yo sé que no soy lo que hago. Pero, aun reconociendo que el trabajo es un medio para alcanzar un fin, cuando ese medio interfiere activamente con tu familia, con tu descanso, con tu salud, con tu autoestima, y tienes el poder en tu creatividad para elegir o crear otras opciones y no lo haces… sabes que inevitablemente algo tiene que cambiar. De preferencia en tus términos antes de que otra cosa explote primero.

 

Con este pensamiento, al final de uno de mis turnos del mes pasado, grabé esta canción. Que me viene al pecho con frecuencia cuando me siento atrapada en mis decisiones, cuando siento que el delantal me corta la circulación. No es ni mi mejor versión, ni mi mayor orgullo. Mis notas no están bien sostenidas y algunas no llegan al tono correcto. Pero no la grabé por ninguno de esos motivos. Sino porque sentía que necesitaba una fotografía de este momento de mi vida. En realidad, refleja muy bien mi falta de aire, mis reservas, mis inseguridades. También, porque sé que este momento se va a ir y cuando lo recuerde, quiero tener claro lo mucho que pesaba el espíritu antes de atreverme a cambiar de rumbo. Que sea testamento de lo vulnerable que es dejarte ver tal y como estás en los momentos menos halagadores. Para, en ese ejercicio, encontrar algo que sea puro, real y auténtico que no habrías descubierto si no fuera por ese periodo. Y, sinceramente, porque la acústica de ese baño es demasiado buena para no aprovecharla. IYKYK

 

Ver cover aquí


No todos los días son como este.

 

Y, en mi artículo pasado, menciono que me siento con mucha más claridad mental y del otro lado de este dilema. Pero me es muy importante mostrar todas las caras de esta travesía que por momentos puede parecer muy glamorosa e idílica. Cuando en realidad es indescriptiblemente retadora, a veces desmoralizante y solitaria y, aun así, siempre enriquecedora. No quisiera hacer creer a nadie que venir fue perfecto, fluido, siempre exitoso, siempre lineal.

 

Si tú también sientes que estás desapareciendo, resiste, no te diluyas, usa tu voz. Díselo a alguien. Hazte visible. Nada puede ser más importante que tu presencia y lo que sumas a este mundo, por mucho que las circunstancias te hagan creer que no te ves. Siempre hay alguien que te ve.

 
 
 

Comentarios


bottom of page